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La historia de Bárbara Guerra, la joven que desafió la muerte

  • Por Soy502
20 de julio de 2019, 14:07
Ingresó dos veces a cirugía. La primera ocurrió 48 horas después del accidente y duró 12 horas. (Foto: Clarín)

Ingresó dos veces a cirugía. La primera ocurrió 48 horas después del accidente y duró 12 horas. (Foto: Clarín)

Una joven guatemalteca de 27 años, de nombre Bárbara Guerra, se levantó temprano para ir a la última clase de su carrera y organizó una salida con sus amigos. Cuando llegó al bar, una banda tocó “Don’t stop believing”, de Journey, la canción preferida de su papá. Grabó el momento y terminó de pasar una agradable velada, sin pensar que lo peor estaba por suceder.

Guerra se fue del lugar cerca de las 23 horas y se dirigía a su casa. "Empecé a manejar sin darme cuenta que estaba yendo por una calle en subida y sin señalización de un carril reversible”. Su vista se nubló por el asfalto que se elevaba cada vez más, esto le impidió ver el camión que venía de frente y chocaron. 

 A raíz del accidente, creo un proyecto que establece un área especial de discapacitados en los conciertos. (Foto: Clarín).
A raíz del accidente, creo un proyecto que establece un área especial de discapacitados en los conciertos. (Foto: Clarín).

Debido al accidente, Bárbara quedó recluida en el hospital El Pilar en estado delicado y no fue fácil localizar a su familia. Tenía fracturado el tobillo, pie izquierdo, muñeca derecha y tuvo varias fracturas complejas en ambas rodillas, es decir, que las dos piernas, prácticamente se le rompieron en 27 pedazos cada una. “El médico me lo explicó de esta manera. Si vos agarras un vaso y lo tiras al piso se rompe en mil pedazos. Así estaban mis piernas”. 

Ingresó dos veces a cirugía. La primera fue 48 horas después del accidente, la cuál terminó siendo de 12 horas, donde le pusieron placas en las rodillas, la tibia, el peroné, el pie izquierdo y la mano derecha. "En esos momentos sentía tanto dolor que le decía a mi mamá que llamara al doctor para que me amputaran las piernas, por fortuna, jamás me hizo caso", reveló.

Hoy en día, no recuerda nada del choque. “Cuando hablaba con mi psicóloga, Andrea, me decía que el cerebro nos cuida de las cosas que nos pueden hacer daño. Por eso creo que mi cerebro me está ayudando a no recordar nada de esa noche, eso habría sido un trauma extra”. 

A los cuatro meses logró apoyar sus pies, por eso los médicos la apodaron “milagrito”, porque ellos creían que no lo lograría hacer antes de los seis meses. En ese tiempo, Guerra al experimentar lo que significa estar en una silla de ruedas, entendió la discriminación que sienten muchas personas.

Eso a llevó a crear un proyecto que establece un área especial de discapacitados en los conciertos. "La idea me nació porque trabajo en este tipo de eventos y es parte de mis necesidades básicas. Sé que no es una prioridad, pero un recital es un momento en el que uno sale de su realidad para ver a un artista o simplemente pasar el rato", explicó.

MÍRALO:

*Con información del Clarín

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