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El volcán que nos desnuda

  • Por Beatriz Colmenares
La erupción del volcán de Fuego causó luto y dolor en decenas de familias guatemaltecas. (Foto: Wilder López/Soy502)

La erupción del volcán de Fuego causó luto y dolor en decenas de familias guatemaltecas. (Foto: Wilder López/Soy502)

Retumba el Volcán de Fuego. La devastación se desplaza a 60 kilómetros por hora. El flujo piroclástico acaba con todo lo que encuentra a su paso. Los relatos de los sobrevivientes estrujan el corazón. Lo han perdido todo.

Familias enteras desaparecen sin dejar rastro. No sabemos cuántas. Quizá nunca se conocerá la magnitud de la tragedia. Y quizá también, cuando pasen los días, el área del desastre termine siendo un improvisado camposanto sin tumbas ni cruces.

¿Le resulta familiar la historia? Sólo cambie la palabra retumbe por deslave y flujo piroclástico por agua. Los guatemaltecos revivimos la pesadilla de octubre 2015 cuando se desplomó El Cambray II.

Hoy, como ayer, se nos llenan los ojos de lágrimas al escuchar los testimonios de quienes no saben qué fue de su cónyuge o de sus hijos. Se nos resquebraja el alma cuando prestamos oídos a los relatos de abuelas que jamás abrazarán otra vez a sus nietos. Y se nos activa, inmediatamente, el “chip” de poner manos a la obra, salir a comprar víveres y organizar centros de acopio.

El buen corazón de los guatemaltecos desbordó con sus donaciones los centros de acopio. (Foto: Wilder López/Soy502)
El buen corazón de los guatemaltecos desbordó con sus donaciones los centros de acopio. (Foto: Wilder López/Soy502)

Nos sabemos de memoria las necesidades: Frazadas, colchones, ropa etiquetada, agua, comida no perecedera, filtros y kits de limpieza. También dominamos el proceso de etiquetar y empacar los enseres.

Quienes salen al rescate de los que sufren en este país de inclemencias saben a quién llamar, cómo se abre una cuenta de banco y dónde están los medios de transporte para trasladar la ayuda de forma inmediata. El protocolo funciona como reloj suizo. En menos de 24 horas se desbordan los centros de recolección, porque lo nuestro es colaborar a toneladas.

Es la experiencia acumulada. El Cambray II, 2015. Agatha, 2010. Panabaj, 2005. Mitch, 1998. Una tragedia es el calco de la anterior. Los rescatistas salen al terreno sin contar con el equipo adecuado. Trabajan más allá de lo que deben. Los zapatos se les deshacen, ya sea por el efecto del agua, el lodo o el fuego. Las mascarillas no alcanzan.

Salen a luz las carencias con las que conviven diariamente los cuerpos de bomberos y surgen, de forma simultánea, los reclamos. ¿Por qué no somos capaces de dotarles del presupuesto adecuado, si les toca ser héroes sin capa cada cierto tiempo?

Los zapatos de los rescatistas fueron dañados por las altas temperaturas del suelo cubierto de ceniza y arena volcánica. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)
Los zapatos de los rescatistas fueron dañados por las altas temperaturas del suelo cubierto de ceniza y arena volcánica. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Hoy, como ayer, ser uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático nos cobra la factura. Hoy, como ayer, nos queda claro que no hemos aprendido las lecciones y que nuestros sistemas de prevención fallan. Hoy, como ayer, dependemos de la buena voluntad de la mayoría para atender emergencias que el Estado debería ser capaz de enfrentar sin mayores problemas.

Hoy, como ayer, lloramos a compatriotas nuestros que viven en áreas de riesgo en las que no tendrían por qué haber asentamientos humanos. Hoy sigue siendo ayer. ¿Para cuándo el mañana?

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*Las opiniones publicadas en las columnas son responsabilidad de su autor, no de Soy502

07 de junio de 2018, 19:06

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