• Voces

Temer a un ratón

  • Por Daniel Haering

Siempre es tentador reírse de una persona que tiene un miedo que desde fuera nos parece irracional.

Los que creen que nos dominan los extraterrestres, los que paniquean ante un ratón o los que ceden frente a cualquier teoría de la conspiración se nos presentan como risibles. Vil impulso.

Los es porque el miedo es necesario. Cada segundo del futuro es incierto y es útil, en el sentido darwinista de supervivencia más estricto, contemplar escenarios que te pueden dañar.

Todos tenemos nuestros propios miedos y hablan mucho sobre lo que somos. Sobre lo que apreciamos y sobre lo seguros que nos sentimos de perderlo o verlo dañado.

Los miedos no viven en un vacío. Las instituciones políticas de calidad, la ciencia, reducen la incertidumbre de perder el sustento material.

Paradójicamente (o quizá no tanto) en los países más ricos aumenta de manera significativa el miedo a la soledad.

Aprender de nuestros miedos y los de los demás, los compartidos y los ajenos, es conocernos. Es comprendernos.

La semana pasada vimos un caso muy significativo de pánico que no es relevante por su representatividad, sino por su simbolismo.

Un grupo de personas muy pequeño, manifestó en el Tribunal Supremo Electoral su miedo a un fraude electoral…por una carta de entendimiento entre CICIG y esa institución.

Según ellos eso prueba sin lugar a dudas que los criterios de quién se inscribirá a los candidatos en 2019 los diseñará Iván Velásquez.

Infundado. En ningún caso ese convenio modificará las reglas del juego electoral, que es un juego sucio por la tradición política del país.

Lamentablemente no va a solucionar los problemas de fiscalización del financiamiento ilícito. Unas cuantas capacitaciones no arreglan el sistema. Buena voluntad…y ya. No cambia el tablero.

Uno quisiera poder entrar en una discusión cuerda para hacer entrar en razón a estas personas. El socialismo no va a venir, no hay conspiraciones más allá del complejo proceso interno con impulso de viento del norte ya conocido.

Pero es imposible: el miedo paraliza la mente. También invita a la agresión al enemigo, al que es o se ve diferente.

2019 nos dirá si son muchos los que tienen miedo a que Guatemala cambie o son lo que parecen: una minoría asustada de perder privilegios.

Solo les invitaría a una reflexión, por eso de conocerlos y que se conozcan. Si tanto es el pánico quizá el sistema que defienden está asentado en bases muy, muy débiles. Quizá la casa ya se estaba cayendo antes de que el colombiano llegara.

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21 de agosto de 2018, 13:08

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