La portera de Estados Unidos, Hope Solo, protagonizó uno de los grandes momentos polémicos de los Juegos Olímpicos. Después de que su selección, favorita para las medallas, cayera contra Suecia en cuartos de final, Solo despotricó contra las jugadoras de la selección europea: “son unas cobardes, no vinieron a jugar fútbol. Así no van a llegar lejos”, comentó después del partido.

Casi de inmediato, la Federación de Fútbol de Estados Unidos (USSF), anuncio que la suspenderían durante seis meses por “no cumplir con los valores de la selección”. Sin embargo, Solo se negó a pedir disculpas y mantuvo su declaración, por lo que la situación fue más allá: al castigo de seis meses de toda actividad futbolística se sumó la rotura definitiva de su contrato como portera de Estados Unidos.
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Por si fuera poco, las cámaras de un documental captaron el momento en que le dicen a Hope Solo que no volverá a vestir el uniforme de su país, después de haber debutado en el año 2000. Incrédula, sólo repite lo que le acaban de comunicar: “¡Seis meses de suspensión! Sin paga, contrato terminado definitivamente…¡diecisiete malditos años para esto!”, estalla.

Durante todo el rato, su marido Jerramy Stevens tuvo que interponerse entre ella y las personas (la entrenadora Jill Ellis y el jefe de expedición Dan Flynn) que le informaron de la situación. Al final, la abraza y se la lleva del lugar, antes de que comience a llorar desconsoladamente. Por fortuna, Stevens es un exjugador de fútbol americano de dos metros de estatura, así que mantuvo todo bajo control.
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