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Las tripas y la justicia

  • Por Julio Serrano Echeverría
El presidente Jimmy Morales aprovechó una actividad militar para defenderse de los señalamientos de haber recibido financiamiento ilícito. (Foto: Wilder López/Soy502)

El presidente Jimmy Morales aprovechó una actividad militar para defenderse de los señalamientos de haber recibido financiamiento ilícito. (Foto: Wilder López/Soy502)

La justicia es, sin duda alguna, un concepto que va más allá de lo legal. Tiene algo vital, casi instintivo. Podemos recordar en nuestra infancia el profundo dolor que nos provocaban los actos injustos que podíamos vivir: ser castigados sin haber sido los responsables o ver como alguien más pagaba las consecuencias de una travesura que nosotros habíamos hecho.

La (in)justicia se siente en el cuerpo, aunque muchas veces esta sensación se mezcle o, peor todavía, se confunda, con culpa, con venganza, con tiranía. Hay que ser cautos y sabios, ni modo.      

La semana pasada sucedieron dos movimientos interesantes en torno a la búsqueda de la justicia en Guatemala. El primero: un grupo de meros meros del empresariado guatemalteco salieron públicamente a reconocer que habían financiado ilegalmente parte de la campaña que hizo que Jimmy Morales se convirtiera en presidente de la república (nefasto día en el que esto sucedió). El segundo: Jimmy Morales ante su familia y la cúpula del ejército se defiende del señalamiento de los empresarios con la peor de las estrategias que alguien que representa la unidad nacional puede usar: la rabia.

Ver la mesa de empresarios pidiendo perdón me provocó, también, rabia. Igual escuchar a Morales defenderse como un personaje psicópata de Cantinflas. Y es que en ninguno de los dos casos la justicia ha llegado como tal, todavía. Más bien se han activado mecanismos que, en términos jurídicos, pronto llegarán a una forma de sentencia que permita alimentar el espíritu de un pueblo herido. La rabia en estos casos es el indicador que esto sigue siendo un conflicto sin resolver, y ese es el asunto.

Señores empresarios, no esperen ni laureles ni aplausos, aunque haya sido algo realmente trascendental en nuestra historia su mea culpa, es un hecho que si la justicia no llega, será el más descarado de los cinismos. Ya lo decía Oscar Wilde: “los peores dueños fueron los que trataron con bondad a sus esclavos,  evitando de este modo que los que sufrían el sistema tomaran conciencia del horror”.

Señor Morales de usted ya ni esperar nada, pero si en algún lugar de su esquizofrenia política tuviera espacio para la sensatez, debería permitir, voluntariamente, que lo investiguen.

Y es que a la justicia no le basta ni lo simbólico ni lo visceral ni siquiera lo meramente judicial.

La justicia, cuando se alcanza, transforma, sana y reinventa. Justicia también será que ni empresarios ni presidentes se jueguen nuestro destino como lanzando una moneda al aire. Justicia será también que nos involucremos a ver cómo cambiamos esto, pero en serio.

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23 de abril de 2018, 17:04

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