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La cultura de "la casaca"

  • Por Julio Serrano Echeverría
Tanto al Presidente Morales como a su vocero se les han señalado numerosos errores de comunicación. (Foto: Archivo Soy502)

Tanto al Presidente Morales como a su vocero se les han señalado numerosos errores de comunicación. (Foto: Archivo Soy502)

Es un juego bien pequeñito el de la casaca.

Empieza desde temprano y tiene que ver, en su versión más elemental, con mentir. La mentira te aguanta una vez, después tenés que construir una narrativa entorno a esa alteración de los hechos.

Recuerden esa sensación que provoca el jueguito, la sutil experiencia con el poder, con esa idea de que manipular el devenir de las cosas hace que la realidad gire, aparentemente, según tus intereses. 

Y aunque la mentira es el principio esencial de la casaca, hay que decir que esa extraña habilidad va mucho más allá del mentir.

La casaca, esa capacidad de decir algo sin decirlo todo, persuadiendo de la mejor manera al interlocutor para que acepte tu punto de vista como el correcto, el verdadero, el necesario, depende de la circunstancia.

Y vivimos rodeados de esa modalidad de comunicación: la casaca shuca de la clase política guatemalteca que suele usar palabras como “rescatemos Guatemala” cuando lo que en realidad quiere decir es dejen que seamos corruptos, no nos jodan.

O cuando hablan de “soberanía nacional” para decir la Cicig me persigue por corrupto y no quiero que me agarren. La casaca de un presidente y secretario de comunicación particularmente pajeros, que están todo el tiempo evadiendo, diciendo verdades a medias o ya mentiras descaradas.

La casaca más usual, la del enamorado, cultura de pajeros, en la gran mayoría de casos, hombres, que “cantineamos” con una serie de engaños y argucias para conseguir algo (casi siempre sexual) usando como argumento de todo, pero particularmente sentimientos. Pajas. 

Las del trabajo: la cantidad de casaca que despliega el guatemalteco promedio para justificar una tardanza es impresionante, llegar tarde o entregar tarde es la principal musa de la casaca.

Y el listado de palabras sin valor, y sin escrúpulos, es demasiado largo.  Al otro lado no está la verdad como una luz divina que lo ilumina todo; pienso que al otro lado está la honestidad, que no es decirlo todo, que no es lanzar lo verdadero como una metralleta de cuchillos. 

La honestidad es un diálogo con uno mismo, ahí sí con todo, mentirse a uno es el principio de la ruina. La honestidad es lograr llevar, de la mejor manera, el resultado del diálogo interno al oído que te escucha o pasar por ahí lo que nos dicen, la honestidad también es un detector natural de casaca.

Y saben, así como se nota cuando alguien está siendo pajero, también se nota la honestidad, se intuye. Y bien, en tiempos de corrupciones, mediocridades y malaondismo, pues vale le pena hablar de la honestidad, pienso yo.

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09 de abril de 2018, 20:04

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