La obligada necesidad de optar por la tecnología y la educación a distancia ha dejado al descubierto la brecha económica entre estratos sociales, durante la pandemia del nuevo coronavirus.
Millones de estudiantes en el mundo han podido seguir con su educación tranquilamente desde casa, con su propia tablet o computadora, en una conexión segura de Internet, e incluso desde su habitación.
Otros tantos deben organizarse para que les presten una laptop o un teléfono para que se puedan conectar, porque papá y mamá están también conectados trabajando desde casa. Deben encontrar horarios para trabajar y estudiar, de forma que no colapse el servicio.
Mientras que otros solo pueden ver clases por televisión. Y millones que no tienen acceso a esos servicios, tampoco pueden optar a comida o una habitación. Para ellos los estudios han quedado interrumpidos y la pandemia amenaza con hacerlos perder un año lectivo.
La realidad en EE.UU.
Incluso la primer potencia mundial se ha visto al descubierto. Según publica AFP, con la historia de Kenia Molina, una joven que necesitaba una computadora para poder terminar el año luego de que su escuela cerrara por la pandemia.
Como otros miles de jóvenes de la "promoción coronavirus", que perdieron semanas de clases en medio de la pandemia en Estados Unidos, ella no tenía una computadora. Su gobierno le proveyó de una máquina, a ella y 400 estudiantes más de su escuela. Molina, de 18 años, ahora se enfoca en terminar la secundaria desde su casa en Los Ángeles.

El gobierno de California estima que todavía debe distribuir cerca de 240 mil computadoras más, mientras las clases en línea continúan.
En las primeras dos semanas de enseñanza virtual el número de estudiantes desconectados era de 15 mil, y sumaban al menos 40 mil los que no tenían contacto diario con sus profesores.
"Es algo para lo que teníamos que estar preparados años atrás", dijo Rafael Balderas, director de la secundaria en el suburbio de Bell, a donde asiste Molina. "La tecnología ha cambiado" y la pandemia "nos da la oportunidad de preparar a nuestros niños para el siglo XXI", dijo.
Adaptación forzada
El cierre de centros educativos generaron desafíos principalmente en zonas pobres o rurales, donde no todas las familias tienen computadoras o acceso a Internet. Y muchas veces los problemas van más allá de la tecnología.
En la zona escolar que supervisa Andres Chait, en Los Ángeles, por ejemplo, cientos de alumnos tienen computadores, pero viven en condiciones precarias.
Viven en moteles o acomodados en casas de otras familias, donde es difícil que los niños tengan un lugar para estudiar. Y los padres "hacen grandes sacrificios para asegurarse que el hijo pueda llegar a una llamada en Zoom o entrar a una sesión de (la aplicación) Schoology", explicó Chait.

Los maestros también se han visto obligados a adaptarse al nuevo sistema. Algunos, incluso, no tenían computador propio. Ahora manejan canales de YouTube, hacen videollamadas y usan aplicaciones especializadas.
*Con información de Agence France-Presse
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